Hay muchas dificultades a las que debemos hacer frente a la hora de cultivar nuestro huerto o jardin de plantas medicinales. Estos problemas nos llegan de muchas maneras, cada uno de los cuales requiere su propio tipo de remedio.

Uno de los mayores problemas al que nos enfrentamos son las plagas. Las plagas se presentan en muchas variantes, desde las pulgas de un gato a los insectos atacando tus vegetales, simplemente no hay ningún lugar donde los parásitos no busquen una oportunidad de estropear nuestro trabajo.

En lugar de comprar varios productos para controlar los problemas de plagas, hay una opción que ha demostrado ser útil en la guerra contra las plagas. Ese producto es la tierra de Diatomeas.

¿Que es la tierra de Diatomeas?

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La Tierra de diatomeas existe como resultado de la muerte de organismos marinos microscópicos conocidos como diatomeas que, al morir, se hunden en el fondo marino y se fosilizan, pasando a formar parte de los nutrientes presentes en el fondo marino. Las diatomeas son esencialmente un tipo común de algas, o fitoplancton, con paredes celulares hechas de dióxido de silicio hidratado, también conocido como sílice.

¿Y para qué sirve un montón de algas muertas en mi cultivo?

La tierra de diatomeas tiene propiedades que la convierten en un aliado exitoso contra las plagas. Específicamente, repele pulgas, garrapatas, ácaros, arañas, hormigas, cucarachas y otros insectos rastreros que pueden ser dañinos para la producción de vegetales, la salud de nuestras mascotas y nuestro propio bienestar. Su funcionamiento consiste en penetrar en el exoesqueleto de las plagas y hacer inútil su protección exterior. Las plagas se deshidratan y su sistema respiratorio ya no puede funcionar, resultando en la muerte. Todo lo que se necesita es que un insecto entre en contacto con la tierra de diatomeas y la acción se llevará a cabo, no es necesaria la ingestión para que surta efecto.

¿Que es la leonardita?

Muchos miles de años atrás existían grandes masas de agua donde se depositaban grandes cantidades de materia orgánica que comenzaban a descomponerse lentamente. Con el pasar de los siglos, se formaron acumulaciones gigantes. A través de la actividad geológica muchas de estas acumulaciones fueron enterradas. Más tarde, bajo condiciones de calor y presión, el material orgánico comenzó a perder oxígeno y se transformó en carbón. Los depósitos que nunca fueron enterrados lo suficientemente profundos como para someterse a la transformación completa en carbón, se convirtieron en leonardita. Hoy estos minerales de leonardita existen como estratos de material de color marrón a negro como el carbón debajo de una capa de suelo o roca inorgánica.

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La leonardita tiene el mayor contenido de ácidos húmicos de cualquier fuente natural. Aunque los ácidos húmicos se pueden extraer de la turba, del compost u otros suelos; ninguna de estas fuentes está tan concentrada y es tan abundante. Además es mucho más económico comparado con otras fuentes de ácido húmico.

Muchos investigadores han demostrado la respuesta positiva de las plantas y los suelos a los ácidos húmicos derivados de la leonardita. Hay abundante evidencia de ensayos de campo con ácidos húmicos de leonardita que demuestran el valor de la leonardita como fuente de ácidos húmicos.

Proteger los cultivos de los insectos mediante el uso de tierra de diatomeas ayudará a erradicar plagas comunes del jardín como pulgones, hormigas, tijeretas, babosas y mucho más, salvando cultivos en el proceso. La leonardita por su parte nos dará los beneficios de una tierra rica en ácidos húmicos a un coste muy bajo. Y todo esto sin ningún impacto medioambiental, pudiendo a la vez mantener las condiciones necesarias en un cultivo ecológico.